Page 907 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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La mujer asintió con fuerza, satisfecha con él,
bailándole los enormes ojos negros.
Hackworth siguió hablando.
—Al igual, por ejemplo, que el estado mental
determinado de una persona en un momento
dado puede depender de las concentraciones
relativas de innumerables compuestos químicos
que circulan por su sangre.
—Sí —dijo la mujer—, como si estás en un pub
entretenida por un caballero joven, las palabras
que salen de tu boca se ven afectadas por la
cantidad de alcohol que hayas metido en el
sistema, y, por supuesto, por la concentración de
hormonas naturales, una vez más, no de una
forma determinista; esas cosas son todas
entradas en el sistema.
—Creo que empiezo a entenderlo —dijo
Hackworth.
—Sustituya el espectáculo de esta noche por el
cerebro y la información corriendo por una red,
por moléculas corriendo por la sangre, y lo
tendrá —dijo la mujer.
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