Page 336 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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siguientes. Las profecías no hacían referencia a un
momento lejano, envuelto en las brumas del futuro,
sino a un tiempo que la mayoría de nosotros, y,
evidentemente, yo mismo, íbamos a vivir. ¿Era ése el
motivo por el que, de repente, demonios, hombres y
dioses luchaban con tanta saña por la antigua crónica
que uno de los contendientes había hecho llegar a mis
manos por puro capricho? ¿Cuál era exactamente mi
parte en aquel drama que había empezado hacía varios
milenios y que tan sólo en nuestros tiempos llegaba a su
culminación? Porque, si no me correspondía
simplemente el papel de depositario del secreto, ¿qué
tenía que hacer?
Derrengado, me eché en el sofá y apreté la cara
contra uno de sus rincones, quebrantado, postrado,
sordo. Si los cielos se hubieran abierto sobre mi cabeza
y una voz atronadora me hubiese llamado por mi
nombre, no me habría causado más conmoción que las
insinuaciones ocultas en el programa nocturno de
radio. Los primeros sonidos empezaban a abrirse paso
hacia mi interior.
«—...por supuesto que lo tenemos todo bajo control.
Como usted sabe muy bien, el Ministerio de Prevención
de Catástrofes se ha beneficiado de sustanciales
incrementos presupuestarios. Hoy en día disponemos
de medios más que sobrados para garantizar el
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