Page 341 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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Con gran sorpresa por mi parte, el ministro no pareció
extrañarse de la absurda pregunta, porque me
respondió con voz confiada y tranquila:
«—Por supuesto. El gobierno está informado de
ello. Si no, ¿para qué íbamos a hacer todos estos
preparativos? Nosotros...
»—¿Qué? ¿De qué va esto? —lo interrumpió de
pronto la voz del locutor—. Eso que dice...» La
retransmisión se interrumpió, el altavoz emitió un leve
siseo y el aparato se apagó.
Se oyó el débil tintineo del servicio de té del
aparador, luego se le añadió la voz desafinada de los
platos del armario de cocina, la lámpara del techo se
balanceó como un columpio infantil... y también se
apagó. Las pocas ventanas que seguían iluminadas en
la casa de enfrente se quedaron a oscuras y también las
farolas del patio, y todo cuanto me rodeaba quedó
envuelto en una absoluta e impenetrable negrura. El
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