Page 411 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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nueva: las tinieblas habían sido expulsadas y el mundo no
dejaría de existir... por lo menos mientras no terminara un
nuevo ciclo de cincuenta y dos años.
Fascinado por el cuadro que me había pintado
Yagoniel, me quedé en la cocina, inmóvil, con el libro
en la mano. Los cinco días terribles que describía, y que
habían de preceder al fin del mundo, me recordaban la
vida que yo mismo había llevado durante las últimas
semanas. Me había hallado en una situación semejante,
pero había sido mucho más vulnerable, porque, al fin y
al cabo, no tenía ninguna idea de cómo protegerme de
los malos espíritus, mientras que los indios podían
fiarse de las experiencias de su historia milenaria. No
disponía de ninguna lanza mágica ni habría podido
imaginar que una luz encendida atrajese a los malos
espíritus. Pero no tenía ninguna intención de cargarme
la cristalería ni la porcelana de mi familia. Lo único que
me quedaba era arrimar el ojo a la mirilla por enésima
vez, mirar afuera con la angustia en el cuerpo, examinar
el picaporte y regresar a la cocina, el único lugar del
mundo en el que, por lo menos en cierta medida, me
sentía seguro. Fuera, al otro lado de la puerta,
empezaba a oscurecer, por el patio de la casa
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