Page 472 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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lo que El hizo existir. Pero aún no es demasiado tarde...
Quienquiera que fuese el niño, quienquiera que
fuese el que le había puesto esas palabras en la boca,
había complementado maravillosamente la confesión
de Casas del Lagarzo, quien se plegó a las instrucciones
del sacerdote y no interpretó la profecía, sino que la
preservó para la posteridad.
¿Aún podía hacerse algo? Estaba claro que me
habían dicho: «Aún no es demasiado tarde», y
«...encontrarle». Todopoderoso Itzamná, ¿a quién tengo
que encontrar? ¿Y cómo?
Meditabundo, ordené las páginas de la crónica en
un montón. Mis ojos tropezaron con la hoja
cuadriculada que se había quedado encima. ¿Una nota?
Aunque con ciertas reservas, abrí sus pliegues.
Estaba escrita con la misma letra que la dirección en
la hoja de papel que había perdido el viejo. Reconocí
incluso que la tinta era de la misma pluma. No me cabía
ninguna duda: me había encontrado cara a cara con el
cliente frente al antiguo edificio de la Akab Tsin. Él no
me había reconocido, ¿cómo iba a reconocerme? No nos
habíamos visto nunca. Lo único que no sabía era por
qué había dejado la carpeta con el último capítulo en la
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