Page 468 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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habían informado de los hombres barbados de allende los
mares, de sus maravillosos navíos, de sus armas atronadoras,
de su arrojo en el combate. Que todo esto había despertado su
curiosidad y que le había rogado al gran Itzamná que le
revelase la verdad sobre tales hombres. Y que éste le había
enviado una visión en la que los hombres barbados sometían
las tierras de los mayas, los aztecas y otros pueblos, y
gobernaban la mayor parte del mundo.
Que, entonces, el depositario del libro había resuelto no
llevarse consigo a la tumba el secreto del fin del mundo,
aunque no tuviera ningún hijo; y que su pueblo legaría ese
secreto a otro pueblo, aun cuando no dejara atrás ninguna
herencia propia. Que, después de llegar a esta decisión, había
rezado a sus dioses, como el dios de la muerte Ah Puch y el
dios solar Ah Kin, y al propio Itzamná, y les preguntó si sus
intenciones eran acertadas. Y que había recibido un signo que
lo había reafirmado en su convicción.
Que todo esto había sucedido varios meses antes y que,
desde entonces, el sacerdote había aguardado pacientemente la
ayuda de los dioses indios, confiado en la voluntad de éstos,
hasta que Itzamná me había puesto a mí en su cenote y había
renunciado a quitarme la vida. Que entendía que los dioses
me habían elegido para que recibiera el antiguo manuscrito de
manos del sacerdote, a fin de protegerlo de la podredumbre y
el olvido.
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