Page 115 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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Una vez que hubiesen descubierto mi presencia, no
descansarían hasta eliminarme. Para conservar el
elemento de sorpresa necesitaba ir a la playa y
esperarles allí, a ser posible detrás del vehículo.
Desde ese punto podría apuntarles sin riesgo
cuando volviesen.
Pasé una cuerda por la borda de babor, até el
arma a un extremo, y la bajé hasta que quedó sobre
el agua; allí la aseguré. Abrí una de las troneras —
¡trabajaba como un demonio, puedo asegurarlo!—
y deslicé otro de los botes. Antes de que estuviera
totalmente inflado me arrojé al agua. Se abrió en la
superficie como un grotesco nenúfar. Trepé a él
jadeando. Remé hasta donde colgaba el arma,
deshice el nudo de la cuerda y la coloqué en el bote;
entonces empecé a remar hacia la playa. El barco me
ocultaba de los soldados que lo abordaban.
Una vez en la playa, caminando sobre la arena,
el peligro me amenazaba más bien desde el vehículo
que tenía por delante; pero confié en que los
angoleses que estaban en su interior, se hallarían
demasiado ocupados con Thunderpeck y Abdul,
como para preocuparse de momento por el mundo
externo.
Hay hombres que son naturalmente de acción.
Quizás a ellos mis movimientos les hubiesen
parecido normales; a mí, aún ahora siguen
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