Page 516 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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recordar,  al  poco  de  entrar  usted  mencionó,  de


            manera casual, que había ocurrido en su localidad



            un desgraciado y misterioso incidente: una chica


            llamada  Annie  Trevor  había  ido  a  visitar  a  un


            pariente  y  había  desaparecido.  Le  confieso


            francamente  que  lo  que  usted  dijo  apenas  me


            interesó;  existen  muchas  razones  que  pueden


            hacer que a un hombre, o más especialmente a una


            mujer, le convenga desvanecerse del círculo de sus



            parientes y amigos. Supongo que si consultásemos


            con la policía, descubriríamos que en Londres cada


            semana desaparece alguien misteriosamente, y los


            funcionarios sin duda se encogerían de hombros y


            dirían que no podía ser de otra manera por la ley


            de  los  promedios.  En  efecto,  fui  culpablemente


            inconsiderado  con  su  historia;  además,  hay  otra


            razón  para  mi  falta  de  interés:  su  relato  era


            inexplicable. Lo único que usted podía sugerir era



            un  marinero  canalla,  pero  yo  descarté  la


            explicación al instante. Por muchas razones, pero


            principalmente  porque  el  criminal  ocasional,  el


            aficionado                al       crimen             brutal,            siempre              es


            descubierto, especialmente si elige el campo como


            escenario de sus operaciones. Recordará el caso de


            ese García que mencionó usted mismo: se paseó



            por  la  estación  de  ferrocarril  el  día  siguiente  al


            asesinato con los pantalones manchados de sangre

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