Page 511 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Vaughan al oído, deteniéndose en cada sílaba y
con voz grave de predicador.
—¿Quiere usted que nos oigan?
Vaughan tocó el suelo con las manos y se tendió
hacia adelante, preguntándose por lo que iría a oír.
Al principio no escuchó nada, pero más tarde le
llegó muy débilmente desde la Copa un ligero
ruido, un sonido tenue, casi imperceptible, como
cuando uno aprieta la lengua contra el paladar y
expulsa el aire. Escuchaba anhelante cuando, al
instante, el ruido se acentuó, convirtiéndose en un
estridente y horrible silbido, como si en el hoyo de
abajo ardiera un férvido fuego. Vaughan, incapaz
de permanecer más tiempo en la incertidumbre, se
caló la gorra hasta media cara imitando a Dyson y
miró al interior de la cavidad.
En verdad, bullía y hervía como una caldera
infernal. Por todos los lados y en el fondo se
agitaban y se retorcían confusas e inquietantes
formas, que se movían alternativamente sin hacer
ruido de pasos, y acá y allá se amontonaban y
parecían hablarse entre ellos en esos horribles
tonos sibilantes, como el silbido de la serpiente,
que él ya conocía. Fue como si la fresca hierba y la
limpia tierra hubieran sido súbitamente avivadas
y padecieran un nefasto y angustioso crecimiento.
Aunque sintió el dedo de Dyson tocándole el
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