Page 512 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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hombro,  Vaughan  no  podía  hacer  retroceder  su


            cara, por lo que escudriñó la temblorosa masa y vio



            confusamente algo parecido a rostros y miembros


            humanos.  Con  todo,  sentía  en  lo  más  hondo  un


            escalofrío,  debido  a  su  firme  creencia  en  que


            ningún espíritu ni forma humana se movía entre


            toda aquella agitada y siseante hueste. Continuaba


            mirando  espantado,  reprimiendo  sollozos  de


            horror, cuando finalmente las repugnantes formas



            se apretaron todavía más alrededor de algún vago


            objeto en el centro del hoyo, y su lenguaje siseante


            se hizo más maligno, y entonces vio, a la escasa luz


            que había, los abominables miembros, vagos pero


            demasiado                      evidentes,                   retorciéndose                       y


            entrelazándose entre sí, y creyó oír, muy débil, un


            impresionante gemido humano entre los sonidos


            de un habla que no era de hombres. En su corazón


            algo parecía susurrarle casualmente “el gusano de



            la  corrupción,  el  gusano  que  no  muere”,  y,


            grotescamente,  la  imagen  cobró  en  su  mente  la


            forma  de  un  pedazo  de  carniza  pútrida,  con


            horribles cosas hinchándose y arrastrándose a todo


            lo  largo.  El  retorcimiento  de  los  lúgubres


            miembros proseguía, parecían apiñarse alrededor


            de la oscura forma del centro del hoyo y el sudor



            perlaba la frente de Vaughan y caía frío sobre la


            mano en que apoyaba su cara.

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