Page 522 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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dejé llevar por una disparatada fantasía: recordé lo
que la gente había dicho sobre la desaparición de
Annie Trevor, que había sido “arrebatada por las
hadas”. Le diré, Vaughan, estoy tan cuerdo como
usted, mi cerebro no es, confío, un mero espacio
vacío abierto a cualquier descabellada
improbabilidad, y he hecho todo lo posible por
erradicar la fantasía.
La idea me vino del antiguo nombre dado a las
hadas, “la gente pequeña”, y de mi
convencimiento de que descienden de los
prehistóricos turanios que habitaron este país y
fueron cavernícolas. Fue, entonces, cuando me hice
cargo con gran sobresalto de que estaba buscando
un ser de menos de cuatro pies de estatura,
acostumbrado a vivir en la oscuridad, poseedor de
utensilios de piedra, y familiarizado con los rasgos
mongoles. Le juro, Vaughan, que me avergonzaría
de insinuarle semejante asunto visionario si no
fuera por lo que usted vio con sus propios ojos la
noche pasada, y dudaría de la evidencia de mis
sentidos si no estuvieran confirmados por los
suyos. Pero usted y yo no podemos miramos
mutuamente a la cara fingiendo que todo ha sido
un engaño. Mientras yacía usted en el césped junto
a mí, le sentí contraerse y temblar y vi sus ojos a la
luz de las llamas. Así pues, le cuento sin ninguna
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