Page 529 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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huellas de escaleras inimaginables. Pero había
también un bar donde a Tom Smart le habría
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gustado sentarse, con un buen fuego y cómodos
sillones antiguos, y gratos indicios de que si
queríamos « algo caliente» después de cenar se nos
facilitaría con generosidad.
Me senté en ese agradable lugar durante una o
dos horas y hablé con la agradable gente del
pueblo que entraba y salía de él. Ellos me contaron
los viejos lances e industrias del pueblo. Hubo una
vez, dijeron, un gran puerto ballenero, con
abundante construcción naval, y más tarde
Banwick se hizo famoso por el pulido y tallado del
ámbar.
—Y ahora no hay nada —me dijo uno de los
hombres del bar—, aunque no nos llevamos mal
con nadie.
Después de cenar salí a dar un paseo. Banwick
estaba a oscuras, envuelto en espesas tinieblas. Por
alguna buena razón no había ningún farol
encendido en las calles, apenas un brillo fugaz tras
las cortinas echadas de las ventanas. Era como si
uno caminara por un pueblo de la Edad Media y a
la vista de las formas salientes de sus casas
antiguas me acordé de esos extraños y tenebrosos
dibujos de Doré sobre París y Tours en el medievo.
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