Page 530 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 530
Apenas había nadie por las calles. Sin embargo
todos los patios y callejones parecían rebosar de
chiquillos. Sólo pude ver unas pequeñas figuras
blancas revoloteando de un lado para otro al entrar
o salir corriendo de ellos. Nunca oí voces como las
de esos niños felices. Unos cantaban y otros reían;
y mirando dentro de una cueva oscura, descubrí
un corro de chiquillos bailando en derredor y
cantando con voces claras una maravillosa
melodía; alguna tonada de la tradición local,
supuse, pues nunca había escuchado con
anterioridad semejantes modulaciones.
Regresé a la taberna y le pregunté al patrón por
esos chiquillos que estaban jugando en las calles
oscuras y patios, comentando lo gratamente
contentos que parecían estar.
Durante unos instantes me miró fijamente y luego
dijo:
—Bueno, verá usted, señor, los niños han estado
un poco descontrolados últimamente; sus padres
están en el frente y sus madres no saben mantener
el orden. Así que resultan un poco salvajes.
Noté algo extraño en su actitud. No acababa de
entender con exactitud dónde estaba la rareza, o lo
que implicaba. Era evidente que mi observación le
había incomodado en cierta medida; pero yo
estaba desorientado respecto a lo que había hecho.
529

