Page 565 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—Muy bien —contestó Arnold—. Pero recuerde


            que los verdaderos ingredientes del preparado son



            invisibles.


              Nadie hizo caso de él ni de su alquimia. Y, tras la


            debida pausa, los vasos quedaron pendientes del


            fragante vapor de la vasija y luego los llenaron. Los


            tres se sentaron alrededor del fuego, bebiendo y


            sorbiendo con ánimos agradecidos.




                                                            II



              Hay que hacer notar que los vasos en cuestión no


            contenían  gran  cantidad  del  licor  caliente.


            Realmente eran lo que suele llamarse vasos altos;


            redondos  y  estrechados  ligeramente  en  la  parte


            central,             pero          comparativamente                           de         poca



            capacidad.  Por  tanto,  nada  perjudicial  para  la


            claridad  de  aquellas  venerables  cabezas  debe


            deducirse cuando decimos que, entre la tercera y


            la  cuarta  vez  que  se  rellenaron  los  vasos,  la


            conversación se apartó del centro de Londres y del


            perdido y amado Strand, y comenzó a internarse


            en  territorios  menos  conocidos.  Perrott  empezó



            por rastrear un curioso pasaje que en cierta ocasión


            recorrió en dirección norte, esquivando los teatros


            Globe y Olympic en el sombrío laberinto de Clare


            Market, bajo arcadas y entre callejones, hasta llegar


            a  Great  Queen  Street,  cerca  de  la  Taberna  de



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