Page 575 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Rambler y enriqueció a los editores de
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sermones— tenía todavía bastante vigencia. A la
gente le gustaba ser advertida acerca de las
consecuencias de sus actos, tomar lecciones de
puntualidad, aprender la importancia de las cosas
pequeñas, oír sermones a las piedras, e instruirse
en el hecho de que se pueden sacar reflexiones
lóbregas de casi todo.
Así pues, el reverendo Thomas Hampole
acechaba las calles de Londres desde un punto de
vista moral y admonitorio: veía Regent Street en su
primitivo esplendor y recordaba las ruinas de la
poderosa Roma, sermoneaba acerca de la soledad
en medio de la multitud mientras contemplaba lo
que él llamaba las hormigueantes miríadas, y
permitía que una desolada casa medio en ruinas «
en Chancery» le evocara las felices fiestas
navideñas de que hace tiempo disfrutaron
irreflexivamente tras las desmoronadas paredes y
rotas ventanas.
Pero, de vez en cuando, el señor Hampole se
mostraba menos evidente, y posiblemente más
provechoso en realidad. Por ejemplo, hay un
pasaje —ya citado, según creo, por algunos autores
modernos— que me parece bastante curioso.
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