Page 579 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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invierno en el clima más suave de Devonshire. A
menos que hiciera esto, declaró el doctor, las
consecuencias para la salud de mi amigo podían
ser muy graves. S. estaba muy dispuesto a
dejarse guiar por el consejo y, por supuesto,
ansioso de seguirlo; pero, por otra parte, no
quería renunciar a su coadjutoría, en la que,
como él decía, era al mismo tiempo feliz y, eso
confiaba, útil. Al oír esto, le ofrecí en seguida mis
servicios, diciéndole que si su vicario lo
aprobaba, me encantaría servirle de algo hasta
finales del próximo marzo; o incluso después, si
los médicos consideraban aconsejable una larga
estancia en el sur. S. no cabía en sí de contento.
En seguida me llevó a ver al vicario; hechos los
oportunos trámites, comencé mis obligaciones
temporales al cabo de dos semanas.
Fue durante este breve ministerio en las
cercanías de Londres cuando conocí a una
persona muy particular, a la que llamaré
Glanville. Estaba habitualmente a nuestro
servicio y, en el transcurso de mi quehacer,
recurrí a él, y le expresé mi satisfacción por su
manifiesto apego a la liturgia de la Iglesia de
Inglaterra. Respondió con la debida cortesía,
rogándome que me sentara y compartiera con él
una taza de cordial, y pronto nos enzarzamos en
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