Page 578 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Soy consciente de que esas especulaciones
pueden parecer al lector a la vez singulares y (tal
vez puedo añadir) quiméricas; y, por supuesto,
puedo haber sido algo precipitado e imprudente
al consignarlas a la página impresa. Si he obrado
mal, espero ser perdonado; y, por supuesto,
estoy lejos de aconsejar a cualquiera que pueda
leer estas líneas que se embarque en el dudoso y
difícil experimento que ellas bosquejan. Sin
embargo, nos vemos obligados a buscar la
verdad: veritas contra mundum. Me afirmo en la
creencia de que existe al menos algún
fundamento para las extrañas teorías que he
insinuado, por una experiencia que aconteció en
los primeros días de mi ministerio. Poco después
de la terminación de mi primera coadjutoría, y
tras ser admitido en la orden sacerdotal, pasé
algunos meses en Londres, viviendo con unos
parientes en Kensington. Estaba al corriente de
que un amigo del colegio, al cual llamaré
reverendo señor S., era coadjutor de un suburbio
al norte de Londres, S.N. Le escribí, y después le
visité en su alojamiento por invitación suya.
Encontré a S. algo perturbado. Padecía, al
parecer, una afección pulmonar, y su asesor
médico insistía en que abandonara Londres por
algún tiempo y pasara los cuatro meses del
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