Page 631 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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demasiado evidentes para eso, y, aunque estaba
seguro de que padecía una espantosa y grave
conmoción, no me creí la historia que me había
contado. Estaba convencido de que no había
habido ninguna chica, ni en el bosque ni en la
ventana. Y, cuando Roberts me contó, con
creciente terror, que todo lo que había referido era
cierto, que ella incluso le había recordado
cuestiones por él ya olvidadas, sentí que mi
creciente suposición se fortalecía enormemente.
Pues me parecía al menos probable que, si todo
había ocurrido como él suponía, deberían existir en
la historia nuevas e irrefutables circunstancias,
absolutamente desconocidas e insospechadas para
él. Pero, tal como estaban las cosas, él aceptaba
todo lo que me había contado, como en sueños se
aceptan sin vacilar las fantasías más disparatadas
tal cual si se tratase de asuntos e incidentes de la
propia experiencia diaria. Decididamente, no
existía ninguna chica.
El domingo que pasó conmigo en el Wern, local
de Nichol, me aproveché de su mayor sosiego —el
descanso nocturno le había sentado bien— para
sonsacarle algunos datos y fechas, y, al regresar a
la ciudad, los puse a prueba. Era una investigación
nada fácil ya que, en apariencia al menos, los
asuntos investigados eran eminentemente
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