Page 637 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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caso Roberts. Sin duda había sido mal chico; en el
fondo de su problema existía algo más que una
fruslería. Pero su falta primera, por grave que nos
pareciera, había crecido desmesuradamente en su
oculta conciencia hasta convertirse en una
monstruosa mitología del mal. Hace algún tiempo,
un docto y extraño investigador demostró que
Coleridge había tomado una escueta frase de un
viejo cronista, convirtiéndola en el núcleo de El
Viejo Marino. Con una vasta muestra de vitalidad
había pescado inconscientemente en su red toda
clase de criaturas procedentes de los cuatro mares
de sus vastas lecturas: hasta que la escueta idea del
viejo libro se transmutó brillantemente en una de
las grandes obras maestras de la poesía universal.
Roberts carecía de las facultades poéticas, del
poder transformador de la imaginación, y de las
dotes expresivas mediante las cuales el artista
libera su alma de su carga. En él, como en muchos
otros, había un profundo abismo entre la
conciencia y el inconsciente, de manera que lo que
no podía salir a la luz crecía y se inflamaba en la
oscuridad secretamente, enormemente,
terriblemente. Si Roberts hubiera sido un poeta o
un pintor o un músico, podíamos haber obtenido
una obra maestra. Como no era ninguna de esas
cosas, tuvimos un monstruo. Y no me creo del todo
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