Page 34 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
P. 34
Curiosamente, fue con el silencioso y taciturno
Whitcomb con quien trabó la amistad más íntima. Había
algo atrayente en el inglés; era tan culto, un tipo tan
agradable, y sin embargo estaba algo perdido.
Un día fueron a cabalgar. Los remotos antepasados
de sus monturas correteaban frente a sus gigantescos
descendientes. Everard llevaba un rifle, con la esperanza
de cobrar un colmillos de azada que había visto. Los dos
vestían el uniforme de la Academia gris claro, fresco y
ligero bajo el intenso sol amarillo.
—Me sorprende que nos permitan cazar —comentó
el americano—. Supongamos que disparo a un dientes de
sable, digamos que en Asia, destinado en principio a
comerse uno de esos insectívoros prehumanos. ¿No
cambiaría eso todo el futuro?
—No —dijo Whitcomb. Había progresado rápido en
el estudio de la teoría del viaje en el tiempo—. Verás, más
bien es como si el continuo fuese una red de fuertes
bandas de goma. No es fácil de deformar; tiende siempre
a volver a su, ejem, forma «anterior». Un insectívoro por
separado no importa, son todos los recursos genéticos de
la especie lo que llevó al hombre.
»Igualmente, si matase una oveja en la Edad Media,
34

