Page 490 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Encontraron  una  taberna  donde  eran  los  únicos

           clientes. En realidad, era una techo inclinado que cubría


           una pequeña zona con cojines; te sentabas con las piernas

           cruzadas y el tabernero traía copas de vino del interior de

           su  casa.  Everard  le  pagó  con  cuentas,  después  de  un


           desganado regateo. El tráfico a pie pasaba en ríos por la

           calle en el que se encontraba el puesto, pero a esa hora los

           hombres normalmente tenían prisa. Allí se relajarían, los


           que  pudiesen  permitírselo,  cuando  las  frías  sombras

           cayesen sobre las murallas.



                 Everard bebió la tenue y amarga bebida e hizo una

           mueca;  en  su  opinión,  antes  del  siglo  XVII  d.C.  nadie

           entendía de vino. La cerveza era aún peor. No importaba.



                 —Habla  —dijo—.  Y  no  necesitas  malgastar  aliento


           llamándome  luz  del  universo  y  ofreciéndote  agacharte

           para limpiar mis pies. ¿Qué has estado haciendo?



                 Pum tragó, se estremeció y se inclinó hacia él.



                 —Oh, mi señor —empezó a decir, y su voz se rompió

           por un gemido adolescente—, vuestro subordinado se ha


           atrevido  a  ocuparse  de  mucho.  Regañadme,  pegadme,

           azotadme, lo que sea, si me he excedido. Pero nunca, os

           lo  ruego,  penséis  que  he  buscado  otra  cosa  aparte  de

           vuestra fortuna. Mi único deseo es serviros en la medida



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