Page 494 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
P. 494

Gisgo parecía tener cuarenta y tantos años, era bajo

           pero nervudo y con la cara castigada llena de vida. A lo


           largo de los años, había pasado de marinero de cubierta a

           timonel,  un  puesto  importante  y  bien  remunerado.

           También a lo largo de los años, sus compañeros se habían


           cansado  de  oír  su  extraordinaria  experiencia.  Además,

           sólo la consideraban una exageración.



                 Everard  apreciaba  la  fantástica  labor  detectivesca

           realizada por Pum, buscando al hombre haciendo que los

           marineros en las tabernas hablasen de quién contaba qué


           historias. Él mismo nunca lo hubiese logrado; se hubiesen

           mostrado demasiado recelosos de un extraño que además

           era invitado real. Como la gente inteligente a lo largo de


           los siglos, el fenicio medio quería tener la menor relación

           posible con su gobierno.



                 Había sido una suerte que Gisgo estuviese en casa en

           temporada  de  viaje.  Sin  embargo,  había  conseguido

           suficiente prestigio y ahorrado lo bastante para no tener


           que  unirse  ya  a  expediciones  largas,  peligrosas  e

           incómodas.  Su  nave  realizaba  viajes  a  Egipto  y  hacía

           paradas entre viajes.



                 En  su  buen  apartamento  del  quinto  piso,  sus  dos


           mujeres  trajeron  refrescos  mientras  él  se  arrellanaba  y

           discurseaba frente a sus invitados. Una ventana daba a un

                                                                                                         494
   489   490   491   492   493   494   495   496   497   498   499