Page 495 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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patio  entre  casas  de  vecindad.  La  vista  consistía  en

           paredes de barro y la colada tendida en las cuerdas que la


           cruzaban. Pero entraba la luz del sol junto con una ligera

           brisa  para  tocar  recuerdos  de  muchos  viajes…  un

           querubín  en  miniatura  de  Babilonia,  una  siringa  de


           Grecia, un hipopótamo del Nilo reproducido en loza fina,

           un talismán íbero, una daga de bronce en forma de hoja

           traída del norte… Everard le había hecho un importante


           regalo de oro y el marinero se había vuelto elocuente.


                 —Sí —dijo Gisgo—, aquél fue un viaje extraño. Mala


           época del año, con el equinoccio próximo, y esos sinim de

           quién sabe dónde llevando la desgracia en sus huesos por

           todo  lo  que  sabíamos.  Pero  éramos  jóvenes,  toda  la


           tripulación,  desde  el  capitán  hasta  el  último  marinero;

           pensamos en pasar el invierno en Chipre, donde los vinos

           son fuertes y las chicas dulces; esos sinim pagarían bien,


           vaya que sí. Por ese tipo de metal estábamos dispuestos a

           ir al infierno y volver. Desde entonces me he vuelto más

           sabio,  pero  no  diré  que  estoy  más  contento,  no,  no.

           Todavía  estoy  lleno  de  vida,  pero  empiezo  a  sentir  los


           dientes constantemente y, creedme amigos, era mejor ser

           joven.



                 Hizo un gesto de buena suerte.



                 —Los  pobres  muchachos  que  murieron,  que

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