Page 149 - Un caso de conciencia -James Blish
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-  Examina  las  premisas,  Mike.  Primera:  la  razón  es


             siempre una guía suficiente. Segunda: lo evidente es

             siempre lo genuino. Tercera: las obras divinas son un


             fin en si mismo. Cuarta: la fe no guarda relación con los

             actos  justos.  Quinta:  es  concebible  un  acto  justo  sin

             amor. Sexta: la paz no necesita ser el fruto de la razón.


             Séptima: la ética no elige una alternativa de maldad.

             Octava: existe la moral sin conciencia. Novena: el bien

             existe  sin  Dios.  Décima:...,  pero  ¿debo  seguir


             enumerando? Ya hemos escuchado antes todos estos

             planteamientos y sabemos lo que se oculta tras ellos.

               - Una  pregunta ‐  dijo  Michelis  con  voz  amable,


             cuajada empero de angustia ‐. Para que el diablo tienda

             esta  trampa  a  que  te  referías  debes  reconocerle  un


             poder creativo. ¿No es esto una herejía, Ramón? ¿No

             estarás suscribiendo un manifiesto herético? ¿O acaso

             el Concilio de Basra...?


               Ruiz‐Sánchez  se  quedó  sin  habla  unos  momentos.

             Era una pregunta que helaba el corazón. Michelis había


             comprendido  al  sacerdote  en  las  angustias  de  su

             apostasía, en la traición a sus creencias y a la Iglesia en

             que profesaba. No esperaba que le desenmascararan


             tan pronto.

               - Es una herejía ‐ dijo al fin con voz gélida ‐. La llaman

             maniqueísmo y el Concilio la repudió una vez más. ‐


             Tragó saliva ‐. Pero ya que me lo preguntas, no veo



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