Page 284 - Limbo - Bernard Wolfe
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una vez perfeccionada la lógica matemática, se
necesita una máquina perfecta para utilizar dicha
lógica.
Y así los primeros grupos cibernéticos se
pusieron a trabajar en la construcción de la
primera máquina pensante. Sus resultados
iniciales fueron más bien primitivos: el analizador
diferencial del MIT, la calculadora automática
IBM de Harvard, la calculadora general de los
Laboratorios Bell, la calculadora de lógica‐verdad
de Kalin Burkhard, la ENIAC de la Escuela Moore
(la calculadora e integradora electrónica
numérica). Pero necesitaron apenas veinte años
para perfeccionar el EMSIAC (Electronic Military
Strategy Integrator and Computer, el
Computador e Integrador Electrónico de
Estrategia Militar). Y finalmente, en tiempos más
recientes, todos los maravillosos cerebros
electrónicos que ahora mantenían en marcha las
fábricas robot del mundo Immob, liberando así al
hombre de la inhumana servidumbre del trabajo
y dejándole en libertad para concentrase en el
perfeccionamiento de su propio cerebro,
elevándolo lo más cerca posible de la máquina de
razonar.
Wiener había ido aún más lejos. Con un genio
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