Page 386 - Limbo - Bernard Wolfe
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a la luz sus furtivas raíces en el maniqueísmo. Es



            la  clave,  por  ejemplo,  de  las  historias  de  amor


            derivadas de las leyendas de Tristán e Isolda de


            los trovadores... historias de amor en las que la


            relación  sexual  no  se  busca  en  beneficio  de  los


            sentimientos,  sino  como  trampolín  hacia  la


            muerte.



                  —Recuerdo que a principios de siglo se originó


            una gran líteratura acerca del maniqueísmo, poco


            después de la Primera Guerra Mundial, y luego


            de  nuevo  poco  después  de  la  Segunda  —dijo


            Martine.



                  —Sí,  y  no  fue  por  accidente.  Los  nuevos


            teólogos se vieron obligados a reconocer que la


            moderna  tendencia  a  una  guerra  global  no  era


            más que una erupción masiva del maniqueísmo...


            la gente simplemente no lucharía en tales guerras


            suicidas  a  menos  que  hubiera  una  epidemia  en



            masa sobre todas las cosas corporales y también


            un ansia masiva hacia conseguir el endura.


                  —Entiendo,                        entiendo                    —interrumpió


            Martine—. Pero entonces su versión del Immob,


            sino  el  propio  Immob,  ¿no  es  acaso  el


            florecimiento final del maniqueísmo? ¿No es, en



            cierto sentido, lo que queda del Ethos cristiano,


            suelto e inundando el Ego e incluso el Superego?


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