Page 383 - Limbo - Bernard Wolfe
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erotismo se pierde también. Muy bien, podríamos
decir entonces, hay pues en el acto sexual puro
una vertiente de agresividad, y ésa es la razón por
la cual al final queda teñido de melancolía, ¿no es
así? ¿Y acaso esa mezcla de abrazo y
extrañamiento con todas sus motivaciones no es
lo que usted identifica como tensión entre Agape
y Eros? Pero no discutamos más de eso, hay otro
punto que quiero destacar. Ustedes pretenden
que todo movimiento es guerra. De acuerdo. Pero
el sexo es la quintaesencia del movimiento. En
consecuencia, bajo sus propias premisas, el sexo
es guerra.
—Así es, en efecto... para los animales, que son
máquinas de guerra. Pero cuando dos seres se
convierten realmente en uno solo, en la gran
fusión orgásmica oceánica, ¿cómo puede haber
guerra? Se necesitan dos para guerrear. La
solución del problema de la guerra es también la
solución del problema del sexo: unir a los
oponentes y eliminar así el abismo espiritual a
través del cual se producen las hostilidades.
—¿Qué? —exclamó Martine—. ¿Quiere decir
con esto que según usted, nos arrojamos bombas
los unos sobre los otros simplemente porque no
tenemos auténticos orgasmos?
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