Page 446 - Limbo - Bernard Wolfe
P. 446
del muchacho y cosido tiras de piel sobre ellos, de
modo que el trabajo estaba hecho. Helder me
pidió que le echara una mano para alzar a
Caradeniño de la mesa de operaciones y ponerlo
en una camilla, y eso hice. Ocurrieron dos cosas.
Primero, pasé mis brazos por debajo del
cuerpo del muchacho y lo alcé tan suavemente
como pude. Inmediatamente, mi estómago se
contrajo y sentí que me atravesaba una náusea. La
razón era, por supuesto, que aquel muchacho —
un tipo pesado, a juzgar por su torso y sus
hombros de jugador de fútbol: aproximadamente
unos noventa kilos— resultaba tan
repugnantemente ligero.
Y luego, mientras lo poníamos sobre la camilla,
me di cuenta repentinamente de que sus ojos
estaban abiertos. Y clavados en mí: o al menos eso
parecía.
Supe que aquello era una estupidez. Pasarían
horas antes de que la anestesia perdiera su efecto,
no podía estar mirando a nada: no había ninguna
duda de que los centros corticales que controlan
el reflejo del parpadeo habían resultado dañados
y los párpados simplemente se habían abierto
mecánicamente. De todos modos, no podía
apartar de mí la sensación de que me estaba
446

