Page 629 - Anatema - Neal Stephenson
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de adonde íbamos ni de qué nos encontraríamos, pero
aparentemente todos barajábamos la misma idea, a saber,
que Orolo había tenido alguna razón para ir a las
montañas. Allí haría frío y tal vez tuviésemos que
acampar, así que nos hicimos con sacos de dormir de
invierno, tiendas, fogones y combustible. Sammann creía
que podría seguir a Orolo, y Crade planeaba preguntar a
correligionarios suyos que encontrásemos por el camino.
Subimos a los vehículos y nos dirigimos al norte.
Tardaríamos dos horas en llegar al pie de las montañas,
donde Crade conocía lugares para acampar. Nos guio. Era
una compulsión en su caso, y yo estaba cansado de luchar
contra ella. Cord se contentaba con seguirlos. Crade,
sentado erguido a los controles, y Sammann, inclinado
sobre la pantalla luminosa de su supercismex, nos daban
la impresión de ocuparse ellos dos de todos los detalles.
No me hubiera sentido cómodo dejándome guiar por
ninguno de los dos, pero juntos jamás llegarían a ningún
acuerdo, así que lo consideré prudente.
Lamenté separarme de personas como Arsibalt o Lio, con
las que podía hablar. Pero una vez que avanzamos hacia
las montañas, dejé de lamentarme y sentí alivio. Durante
las últimas veinticuatro horas se me había revelado tanto
—no sólo sobre la nave de los primos sino todavía más
cosas sobre el mundo en el que había vivido durante diez
años y medio— que era incapaz de darle sentido de una
tacada. Por poner un ejemplo, los techos de hierba sobre
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