Page 816 - Anatema - Neal Stephenson
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Pero, tras lo sucedido en Mahsht, la verdad es que me
sentía escarificado. No en el sentido de una hierba
arrancada y quemada, sino en el sentido de lo que
quedaba tras la escarificación: una planta, joven, débil,
cuya supervivencia era incierta. Pero sola y viva, sin nada
a su alrededor que pudiese interferir en su crecimiento o
que pudiese protegerla de cualquier calamidad futura.
A finales del tercer día el paisaje empezó a abrirse y a oler
diferente, a algo más antiguo, no a ruedas y combustible.
Acampamos bajo los árboles y guardamos la ropa para el
frío. El desayuno del cuarto día se preparó con cosas que
Cord y Yul habían comprado a los granjeros. Condujimos
por un paisaje ocupado y cultivado desde los tiempos del
Imperio baziano. Por supuesto, desde entonces su
población había crecido y se había reducido en incontables
ocasiones. Últimamente descendía. Las barriadas y luego
las ciudades se habían marchitado, dejando lo que yo
consideraba los fuertes intransigentes de la civilización:
villas de ricos, cenobios, monasterios, arcas, restaurantes
caros, subvides, atracciones, centros de descanso,
hospitales, instalaciones gubernamentales. Entre ellos
había poco excepto campo abierto y una agricultura
sorprendentemente primitiva. En los cruces de carreteras
se acumulaban negocios escuálidos de colores chillones
para que la chusma como nosotros siguiese en
movimiento, pero la mayoría de los edificios eran de
piedra o barro con tejado de pizarra o de teja. Al avanzar
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