Page 819 - Anatema - Neal Stephenson
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sólo logré inquietarme más, porque no ocurrió nada
excepto lo que surgía de mi propio pensamiento: estudios
profundos de las uniones, articulaciones y los cojinetes de
esos brazos, que en mi imaginación se habían vuelto tan
complejos como mis propios brazos y manos, y habían
adoptado las mismas curvas orgánicas como las piezas del
reloj que Cord había fabricado para Sammann. La única
novedad surgida del sueño fue que, al final mismo, aparté
la atención de los brazos y me centré en los dispositivos de
imagen que, suponía, debían de contener los cuerpos de
esas sondas. Pero esas lentes, en el caso de que existieran,
estaban protegidas por un conjunto de focos y, cuando
intenté mirar en ellas y contemplar la mirada de los
Geómetras, sólo vi explosiones de brillo separadas por una
oscuridad total.
La frustración logró despertarme cuando la luz del día,
el olor a comida y la conversación de los demás habían
fracasado. No podía avanzar más excepto despertando y
actuando.
Ecba era hermosa, de una forma caliente y dura. Nos
había llevado un día simplemente levantar defensas
contra el sol y el calor. Al norte de un cabo rocoso y alto
como un precipicio habíamos encontrado una cala que
daba al este y nos ofrecía sombra casi todo el día, y Yul nos
había enseñado a clavar estacas en la arena para tender
lonas que bloqueaban el sol de la tarde. El único momento
en el que realmente sufríamos era a primera hora de la
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