Page 821 - Anatema - Neal Stephenson
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las heridas se me calmaron. Podría hablar más de la
sanación, pero no lo haré. En ese momento me resultó
fascinante observar cómo mi cuerpo hacía uso de sus
poderes de regeneración, y probablemente explicaba los
extraños sueños que había estado teniendo sobre
miembros metálicos y órganos de cristal. Sentía la
tentación de reflexionar y filosofar sobre la relación entre
mente y cuerpo. Pero el lorita que habitaba en mi interior
me repetía que era una pérdida de tiempo. Era más eficaz
encontrar una buena biblioteca y leer lo que hubiesen
escrito pensadores mejores que yo.
A última hora del día anterior, Yul había roto la
tranquilidad encendiendo el motor del transbor de Cord.
Algunos partimos a dar una entretenida vuelta de dos
horas por la isla. Por supuesto, la posición del volcán no
era ningún secreto; apenas había algún lugar desde el que
no fuese visible. Era muy empinado, lo que, como me
había enseñado fra Haligastreme, indicaba que era
peligroso. Algunos volcanes producían lava líquida que se
esparcía con rapidez; tenían forma lenticular y eran
seguros, siempre que pudiese uno moverse más rápido
que la lava. Otros producían una lava espesa que se movía
despacio y levantaban grandes pendientes; eran
peligrosos porque la presión acumulada sólo podía
liberarse en forma de explosión.
Esa isla era la última parada de una ruta de ferry que,
desde el continente, iba más o menos en dirección sur‐
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