Page 820 - Anatema - Neal Stephenson
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mañana, antes de que el calor aumentase en exceso. Había
una isla más pequeña como a media milla de distancia
contra la que rompían y se dividían las olas entrantes, por
lo que donde nos encontrábamos eran pequeñas pero
impredecibles. La cala era tan poco profunda y tan rocosa
que sólo los botes más pequeños la podían usar, por lo que
allí jamás había vivido nadie, que pudiésemos determinar,
y nunca se había usado para nada. No dejábamos de
esperar que apareciese alguien corriendo, cargado de
insignias, y nos echase. Pero no sucedió. No parecía ser
propiedad privada. Tampoco era un parque. Se limitaba a
estar allí. El único asentamiento de Ecba, aparte del
cenobio de Orithena, rodeaba la terminal del ferry, a cinco
millas de distancia en línea recta, a quince siguiendo la
carretera que recorría la costa de la isla. Allí, una planta de
desalinización, alimentada por energía solar, procesaba y
vendía agua. Cuando llegamos, Yul llenó un par de vejigas
de agua militares que olían a moho. Entre eso y la comida
que habíamos comprado a los granjeros en el continente,
aguantaríamos una semana sin tener que buscar más
suministros.
El día después de montar el campamento y levantar las
lonas fue, por acuerdo tácito pero unánime, de descanso.
Del fondo de las bolsas habían salido libros castigados.
Siempre había alguien roncando, alguien nadando. Tomé
prestadas una pinzas largas de Cord y me quité los puntos.
Luego me senté con el agua llegándome al cuello hasta que
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