Page 925 - Anatema - Neal Stephenson
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quedaba de la ropa de Ecba y me vestí. Todo lo sucedido
desde que había cruzado la Puerta de Día de Sante Edhar
empezaba a parecerme un sueño… tan distante como la
época de mi recolección.
En la cocina, separé toda la comida del mundo secular y
la metí en los armarios; dejé fuera los productos frescos,
para verlos y olerlos. Me habían dejado todo lo necesario
para amasar pan, así que me puse a ello sin pensar. El olor
llenó todo el módulo y alejó el aroma de poli, adhesivo de
moqueta y tablero.
Mientras la masa subía intenté leer uno de los libros de
metateorética. Justo cuando empezaba a dormirme (el
libro era impenetrable y mi reloj corporal estaba
desincronizado con respecto al sol) alguien intentó
matarme de un susto dando golpes en las paredes del
módulo. Por la fuerza de los impactos supe que era
Arsibalt, y por su modo de darlos: fue golpeando
metódicamente por todas partes… como si la primera
llamada se me hubiese podido pasar.
Abrí una ventana y grité a través de la rejilla metálica y
la polilámina empañada:
—¡No es de piedra, como los edificios a los que estás
acostumbrado, y un solo golpe causa mucho estruendo!
En el hueco de la ventana se centró un fantasma que
poseía vagamente la forma de Arsibalt.
—¡Fra Erasmas! ¡Qué agradable oír tu voz y mirar tu
forma indefinida!
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