Page 926 - Anatema - Neal Stephenson
P. 926
—Lo mismo digo. Entonces, ¿todavía se me considera un
fra?
—No te hagas ilusiones… están demasiado ocupados
como para programar tu Anatema en la agenda.
Un largo silencio.
—Lo lamento muchísimo —dije.
—Yo también.
Arsibalt parecía triste, así que yo hablé durante un rato:
—¡Deberías haberme visto hace una hora! Estaba hecho
un desastre —dije—. Todavía lo estoy.
—¿Estabas… allí?
—Estimo que a un par de cientos de pies.
Entonces se puso a sollozar de verdad. No podía salir a
abrazarle. Intenté pensar en qué decir. Comprendí que
para él era más difícil. Ver morir a Orolo no me había sido
fácil, pero si tenía que suceder era mejor estar allí y
presenciarlo. Y también era mejor haber pasado después
unos días en la playa con mis amigos.
Cuando el contingente de Tredegarh se hubo presentado
para decirme lo que iba a pasar, me senté con Cord, Yul,
Gnel y Sammann junto al fuego. No había hecho falta decir
que era muy posible que los cinco no nos volviésemos a
ver.
—No me llevarían a Tredegarh sólo para
anatematizarme —argumenté—, por lo que supongo que
926

