Page 353 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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hubiéramos llegado a saber las verdades de nuestro
pasado.
—No estoy seguro de ello —le replicó Alvin—. Más
tarde o más temprano Vanamonde hubiera sido
descubierto… o mejor dicho, él nos hubiera descubierto a
nosotros. Y, créeme, estoy convencido de que hay más
astronaves ocultas en la Tierra y espero encontrarlas un día.
La ciudad se hallaba ya demasiado distante para
reconocer la obra del hombre y el planeta comenzaba a
descubrir su curvatura. Dentro de poco podrían ver la línea
del crepúsculo a miles de kilómetros de distancia en su
marcha infinita sobre el desierto. Arriba y abajo de ellos, las
estrellas, todavía brillantes pese a la gloria perdida.
Durante bastante rato, Rorden se quedó mirando el
desolado panorama que se extendía a sus pies y que él
jamás antes contemplara. Sintió un repentino desprecio y
rabia por los hombres del pasado que habían dejado morir,
por su propia desidia, la belleza maravillosa del planeta
Tierra. Si llegaba a realizarse uno de los sueños de Alvin y,
en efecto, todavía seguían existiendo las grandes plantas
transmutadoras, no tendrían que transcurrir muchos siglos
antes de que los océanos volvieran a existir de nuevo.
¡Cuánto había por hacer en los años futuros! Rorden
sabía perfectamente que se hallaba entre dos Eras: en torno
suyo podía sentir el pulso de la humanidad que de nuevo
volvía a latir con energía y regularidad como el enfermo
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