Page 355 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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La sorpresa lo dejó mudo durante un
instante. Luego se encogió de hombros. Los
romakas eran así.
Jonás contempló disgustado el spray de
trajes, pero no había duda de que era un
artefacto útil. Comenzó a extender sobre su
piel una capa de espuma que, rápidamente, se
polimerizaría hasta convertirse en una
escafandra temporal, íntimamente adherida a
su epidermis, como una segunda piel, pero
resistente al vacío. Las macromóleculas del
pegajoso material se unirían unas con otras,
dando una sola gigantesca molécula, muy
resistente, como un capullo de seda de pocos
milímetros de espesor. La capa exterior se
volvería reflectante. La capa intermedia
evaporaría el sudor y a su través (era muy
porosa) circularían gases reguladores de
temperatura. Una vez puesto, el traje sólo
podía eliminarse con un disolvente especial.
Escafandras de usar y tirar, sin duda uno de
los grandes logros del Imperio.
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