Page 1012 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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A unas diez millas se interponía una barrera


                  entre  el  Palacio  y  yo:  un  nudo  de  bosque


                  negro. Incluso bajo la luz del día, formaba


                  una mancha obscura y siniestra de al menos


                  una  milla  de  ancho.  Llevando  a  Weena,


                  seguro que había atravesado aquel bosque


                  la primera vez, porque habíamos esperado



                  la  luz  del  día  para  recorrerlo;  pero  la  se‐


                  gunda  vez,  en  nuestro  regreso  del  Palacio


                  (¡esa  misma  noche!)  dejaría  que  mi


                  impaciencia  y  fatiga  me  obnubilasen.


                  Decidido  a  volver  a  la  Esfinge  lo  antes


                  posible, y ponerme a trabajar para recuperar


                  la máquina, me introduciría en el bosque en



                  la  obscuridad  —y  me  dormiría—  y  los


                  Morlocks  nos  atacarían  y  se  llevarían  a


                  Weena.


                  Sabía que había tenido suerte de escapar con


                  vida de esa estupidez; y en lo que se refería


                  a la pobre Weena...










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