Page 1017 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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sombra  de  sí  misma;  Weena  se  había


                  convertido en la memoria de un sueño, en


                  algo irreal.


                  Bien,  ahora  estaba  allí  una  vez  más,


                  recorriendo los campos familiares, y toda la


                  tristeza primitiva regresó —como si nunca


                  se hubiese ido e impulsaba mis pasos.



                  Mientras caminaba sentí mucha hambre. Me


                  di cuenta de que no recordaba la última vez


                  que había comido —debió de ser antes de


                  que  Nebogipfel  y  yo  partiésemos  de  la


                  Tierra Blanca—, aunque, especulaba, mejor


                  sería  decir  que  aquel  cuerpo  no  había


                  comido, si había sido reconstruido por los



                  Observadores  como  daba  a  entender


                  Nebogipfel. Bien, a pesar de las precisiones


                  filosóficas,  el  hambre  hacía  resonar  mis


                  tripas y el calor empezaba a hacer mella en


                  mí.  Pasé  cerca  de  un  salón  comedor  —un


                  gran edificio gris de piedra tallada —y me


                  desvié de mi ruta.






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