Page 1020 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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la esquina más oscura y me senté a comer,
rodeado por una pared de Elois curiosos.
Sonreí a los Elois dándoles la bienvenida e
intenté recordar los fragmentos de su
sencilla lengua que había aprendido antes.
Al hablar sus caras se acercaron a mí con los
ojos dilatados en la oscuridad y los labios
abiertos como los de los niños. Me relajé.
Creo que era la facilidad del encuentro, la
humanidad básica, lo que entonces penetró
en mí: ¡recientemente había sufrido
demasiadas experiencias extrañas e
inhumanas! Los Elois no eran humanos, lo
sabía —a su modo me eran tan extraños
como los Morlocks—, pero eran una buena
imitación.
Me pareció que sólo cerré los ojos.
Desperté sobresaltado. ¡Había oscurecido!
Había menos Elois cerca de mí y sus ojos
amables e incondicionales parecían brillar
en las tinieblas.
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