Page 198 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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como si mi cuerpo no pudiese calcular la hora del día


           en que se encontraba.


           Le  había  dicho  a  Nebogipfel  que  me  gustaría


           inspeccionar  la  Máquina  del  Tiempo,  y  me  sentí


           nervioso  mientras  daba  cuenta  del  desayuno  y  me


           aseaba. Mi plan no era gran cosa en lo que se refería


           a estrategia: se trataba simplemente de apoderarme



           de  la  máquina,  ¡a  la  primera  oportunidad!  Mi


           suposición era que los Morlocks, después de milenios


           de maquinarias sofisticadas que podían cambiar de


           forma,  no  supiesen  cómo  reaccionar  ante  un


           dispositivo  de  construcción  tan  tosca  como  la


           Máquina del Tiempo. Creía que no esperarían que el


           simple  hecho  de  volver  a  colocar  dos  palancas



           restableciese  la  operatividad  de  la  máquina,  ¡o  al


           menos eso deseaba yo! Salí del refugio. Después de


           todas mis aventuras, las palancas de la Máquina del


           Tiempo permanecían a salvo en el bolsillo interior de


           la chaqueta.


           Nebogipfel se me acercó con las manos vacías. Sus


           pies finos dejaban marcas indolentes en la arena: Me


           pregunté cuánto tiempo llevaría allí, esperando a que


           saliese.



           Caminamos juntos hasta el borde de la colina, hacia


           el sur, en dirección a Richmond Park. Comenzamos a


           caminar sin preámbulos, ya que los Morlocks no eran


           dados a conversaciones innecesarias.


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