Page 193 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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facilidad la cápsula, acelerándola hasta un encuentro
sin problemas.
Finalmente penetramos en la atmósfera de la Tierra.
El casco se calentó debido al calor producido por la
fricción, y la cápsula tembló —era la primera
sensación de movimiento que tenía en varios días—,
pero Nebogipfel me había advertido previamente, y
ya me había agarrado a una de las barras.
Con aquella . meteórica llamarada perdimos lo que
quedaba de nuestra velocidad interplanetaria. Miré
con incomodidad el paisaje negro hacia el que
caíamos —creí poder ver la ancha cinta serpenteante
que era el Támesis— y empecé a preguntarme si
después de toda aquella distancia, ¡finalmente me
estrellaría contra las inmisericordes rocas de la
Tierra!
Pero entonces...
Mis recuerdos de los últimos momentos del descenso
son confusos y parciales. Me es suficiente ei recuerdo
de una nave, algo similar a un enorme pájaro, que
surgió del cielo y nos tragó colocándonos en una
especie de estómago. En la oscuridad, sentí una
tremenda sacudida cuando la nave pegó contra el
aire, perdiendo velocidad; y nuestro descenso
continuó con gran suavidad.
Cuando volví a ver las estrellas ya no había rastro de
la nave pájaro. Nuestra cápsula se había posado en la
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