Page 231 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Luego,  oí  pasos  que  corrían  por  el  pasillo


                  que  unía  el  laboratorio  con  el  resto  de  la


                  casa.


                  —Soy  yo  —le  susurré  a  Nebogipfel—.  Él.


                  Debe ser tarde y los sirvientes duermen.


                  Una  llave  luchó  con  la  cerradura.


                  Nebogipfel me susurró:



                  —Las gafas.


                  Me arranqué el anacronismo de la cara y lo


                  metí  en  el  bolsillo  del  pantalón,  justo


                  cuando se abría la puerta.


                  Allí  había  un  joven,  con  la  cara  brillando


                  como la luna a la luz de la vela que llevaba.


                  La forma en que me miró, yo en mangas de



                  camisa,  fue  rápida  y  el  examen  al  que


                  sometió  a  Nebogipfel  fue  aún  más


                  superficial  (¡ahí  quedaba  el  poder  de


                  observación del que me enorgullecía!).


                  —¿Qué diablos quieren? Es más de la una


                  de la mañana, ¿saben?










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