Page 352 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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muchísimos olores, no todos agradables: de
comida, del ozono de las máquinas, del
humo y aceite de los trenes y, sobre todo, de
gente, millones de personas respirando y
transpirando bajo la gran manta de aire.
Aquí y allá en la misma Bóveda había luces:
no las suficientes para iluminar las calles,
pero sí para que fuese posible moverse
guiándose por ellas. Vi pequeñas formas
volando por entre las luces: eran las
palomas de Londres, me dijo Filby —
todavía sobrevivían, aunque ahora
debilitadas por los años de oscuridad—, y
junto a las palomas una cuantas colonias de
murciélagos, poco populares en algunos
distritos.
En una esquina del Techo, al norte, se
proyectaba un espectáculo de luz. Oí el eco
de una voz amplificada que provenía de
aquella dirección. Filby la llamaba «la
Máquina Parlanchina» —por lo que pude
entender, era un tipo de cinematógrafo
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