Page 348 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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—Quemaduras de guerra —dijo—. Tienen


                  siempre  el  mismo  aspecto...  Un  soldado


                  aéreo, probablemente. ¡Un joven gladiador,


                  cuyas hazañas adoraremos todos cuando las


                  Máquinas  Parlanchinas  las  divulguen!  ¿Y


                  aun así, adónde pueden ir luego? —Me miró


                  y puso su mano marchita en mi brazo—. No



                  quiero parecer insensible, amigo mío. Sigo


                  siendo  el  mismo  Filby  que  conocías.  Es


                  que... ¡Dios!, a veces tienes que endurecerte.





                  Parecía que la mayoría de los viejos edificios


                  de  Londres  habían  sobrevivido,  aunque


                  algunas  de  las  edificaciones  más  altas



                  habían sido derribadas para poder colocar el


                  caparazón de hormigón —¡me pregunté si


                  la Columna de Nelson seguiría en pie!— y


                  los  nuevos  edificios  eran  pequeños,


                  aplastados y feos. Quedaban todavía cicatri‐


                  ces de los primeros días de la guerra, antes


                  de  que  se  terminase  la  Bóveda:  cráteres,


                  como  cuencas  vacías,  y  montones  de


                                                                                                   348
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