Page 512 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Las largas horas, suspendido bajo la
cubierta vegetal, pasaron con más lentitud
que nunca, y dormí durante un rato.
Cuando desperté, la calidad de la
vegetación que me rodeaba parecía haber
cambiado
—era más translúcida, con algo del tono de
la plattnerita, y me pareció ver las
estrellas—, era como estar inmerso en
esmeraldas y no en hojas.
Entonces lo vi: flotaba en el aire húmedo de
la cabina, inmune al balanceo del coche, con
ojos inmensos, la boca carnosa en forma de
«V», y aquellos tentáculos articulados que
descendían pero no llegaban a tocar el suelo.
No era un fantasma —no podía ver a su
través el bosque que había detrás— y era tan
real como yo, Nebogipfel o las botas que
había colocado en el banco.
El Observador me miró fría y
analíticamente.
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