Page 515 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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los cuarenta y cuatro! Mi pasado había
desaparecido; era como si el suelo se
hubiese evaporado dejándome colgado en
el aire. Pero aún más, yo había conocido a
Moses, aunque brevemente, como una
persona por derecho propio. Era alegre,
errático, impulsivo, un poco absurdo —
¡como yo!— y muy agradable.
¡Era otra muerte en mis manos!
Todas las charlas de Nebogipfel sobre la
multiplicidad de los mundos —todos los
posibles argumentos de que el Moses que yo
había conocido no estaba destinado,
finalmente, a ser yo, sino otra variante de
mí—, nada de eso planteaba ninguna
diferencia en la forma en que me sentía.
Mis pensamientos se disolvieron en
fragmentos medio coherentes —luché por
mantener los ojos abiertos, temiendo no
volver a despertar—, pero una vez más,
consumido por la confusión y la pena,
dormí.
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