Page 537 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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lugar del mundo; que no había ciudades
humanas tras la jungla que se hallaba a mi
espalda; de hecho, los únicos rastros de
inteligencia en el planeta éramos yo y el
pobre Morlock herido. Pero no era una idea
terrible; no después de la horrible oscuridad
y caos de 1938, de los que había escapado
recientemente.
Me enderecé. El mar era encantador, ¡pero
no podía vivir de agua salada! Anoté
cuidadosamente el lugar del cual había
salido de la jungla —no tenía intención de
perder a Nebogipfel en la penumbra ar‐
bórea— y caminé descalzo por el borde del
agua, alejándome de la familia Diatryma.
Después de más o menos una milla, llegué a
un arroyo que salía del bosque y bajaba
hacia la playa. Cuando la probé resultó ser
agua dulce, fresca y parecía limpia. Me sentí
aliviado: ¡al menos no moriríamos hoy! Me
eché de rodillas y metí la cabeza y el cuello
en el líquido frío. Bebí a grandes tragos y
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