Page 624 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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cabeza de águila, una espada en alto y más.
La parte inferior era suave, exceptuando la
carga: una masa metálica en forma de gota
de unos seis pies de largo, pintada de azul.
Durante unos momentos Bond y yo nos
quedamos allí, tan sorprendidos por aquella
súbita aparición como si fuese un milagro.
El joven dentro de mí —la sombra del pobre
y desaparecido Moses— se emocionó al ver
aquella máquina elegante. ¡Qué aventura
para el piloto! ¡Qué imagen tan gloriosa! Y
qué coraje extraordinario se debía de
precisar para elevar aquella máquina en el
aire ennegrecido por el humo de la
Alemania de 1944 —elevarla tanto que el
paisaje del corazón de Europa se reducía a
un mapa, un mantel cubierto de arena, mar
y bosques, y pequeñas gentes— y luego
cerrar el interruptor que la lanzaba en el
tiempo. Imaginaba que el Sol debía saltar
sobre la nave como un meteoro, mientras
que bajo el casco, el paisaje, convertido en
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