Page 629 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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fijamente—. ¿No lo entiendes? Ven —dijo y
volvió a agarrarme el brazo. Había arrojado
la muleta, por lo que se apoyaba en mí.
Como un niño, dejé que me guiase al agua.
Pronto llegamos a una profundidad de
cuatro pies o más. El Morlock estaba
cubierto hasta los hombros; me invitó a
hundirme más, por lo que yo también quedé
inmerso en el agua.
Sobre la jungla, el Messerschmitt ladeó y
volvió de nuevo, volando como un pájaro
depredador de metal y petróleo; la artillería
disparaba a die Zeitmaschine y las balas se
convertían en nubes de humo, que se
deslizaban por el aire del Paleoceno.
Debo admitir que me emocionaba aquel
encuentro aéreo —el primero que había
visto—. Mi mente se llenaba de imágenes de
los conflictos que debían de llenar los aires
de Europa en 1944: vi hombres que
cabalgaban los vientos y que mataban y
caían como los ángeles de Milton. Aquélla
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